“No tienes que venir,” dijo Mac en voz baja, su mano encontrando la de Cloe sobre la palanca de cambios. “Si es demasiado. Después de ayer. Después de todo.”
“Quiero ir,” dijo Cloe. “Pero Mac, ¿puedo decirte algo? Sigo pensando en Constance. Noventa y cuatro años, haciendo una sola pregunta verdade