Raymond salió del baño después de vomitar. Caminó lentamente hacia Elsa, que lo estaba esperando.
Elsa se puso de pie con expresión preocupada en cuanto lo vio.
—Ray, ¿estás bien? —preguntó suavemente. El rostro de Raymond estaba pálido.
—No precisamente —respondió con voz ronca antes de sentarse en el banco.
Cerró los ojos, sintiendo que las náuseas volvían.
—¿Por qué no me dijiste que tienes miedo a las alturas? —preguntó ella.
—¿Esperabas que te lo dijera? —preguntó, arqueando una ceja.
—Sí,