DOS AÑOS DESPUÉS
La mirada de Raymond era letal. Tenía el cuerpo repleto de cicatrizas, producto de las palizas que le propinaban los guardias.
Se sentó junto a un tipo con su bandeja de comida y empezó a comer en silencio, sin mirar a nadie.
Un sujeto tatuado sentado a su lado le echó un vistazo rápido a Raymond antes de hacerle una seña a varios de los presentes. Once tipos se pusieron de pie y lo rodearon.
Al notar esto, Raymond dejó de comer. Suspiró profundamente y dio un trago de agua, par