—¡Basta! — dijo Silvio fríamente, —El niño está en tu propio vientre. Si realmente quieres abortar, nadie te detendrá.
—Silvio, — Camila lo miró muy incrédula, como si no esperara que él dijera algo así.
—Este niño, tú sabes perfectamente de quién es. Mi silencio no significa entonces que puedes hacer lo que quieras.
—Yo... aquella noche, ¿acaso lo has olvidado? Este niño es... es producto de esa noche, — explicó Camila tristemente entre lágrimas y sollozos, —Solo eres tú para mí, no hay nadie m