«Plaf». Elena apartó la mano de Silvio con brusquedad.
—Si te parece muy repugnante, ¿por qué molestarse en tocarme? ¿No temes ensuciarte las manos? —Su dolor y su enojo hicieron que olvidara por completo su miedo hacia él. Sus palabras la habían herido profundamente.
En realidad, cuando la vio a punto de llorar, él se sintió un poco arrepentido, pero una persona como él nunca lo admitiría.
Así que la resistencia de Elena solo lo enfureció más.
—Está bien, eres muy fuerte. Veré cómo te las ar