—Elena...
Abrió la boca, sintiendo un fuerte peso en el pecho y un zumbido que le resonaba en la cabeza.
Elena levantó instintivamente la mirada, con ojos brillantes pero fríos, mirándolo de esa manera, inocente pero indiferente.
—Ya he hecho que se pongan en contacto con un especialista en belleza. No te preocupes por eso, esas cicatrices desaparecerán, — dijo ella con una amplia sonrisa.
—Y si no se van, no importa. Así no tendrás que preocuparte más por mi carrera en el mundo del espectáculo