EMMA
Estoy enfadada, en cuanto termino de escuchar sus malditas razones, siento que el aire me sofoca, me mata, y es por ello que con cada segundo mis deseos por matar con mis propias manos a Duncan, se incrementan poco a poco. Trato de mantener la calma en todo momento, en especial cuando el ministro me mira todo el tiempo como si fuera un ser insignificante, una bicho con alguna plaga que va a contaminar a cada uno de sus soldaditos.
—Como puedes ver —prosigue—. Si por mí fuera, no te dejaba