—¿Puedo pasar?— preguntó Aimara después de tocar la puerta y asomar la cabeza en la biblioteca.
—Claro que si, cariño — le respondió la mayor de las hermanas, después de cerrar el libro que leía. Aimara entró y se sentó junto a ella. —¿Lograste descansar?, ¿pudiste dormir?
—Al principio me costó un poco, pero luego lo logré sin problemas... ¿Y tú?
—Dormí perfectamente— le dijo con una sonrisa.
—Me alegra que las cosas con papá estén mejor.
—Si, a mí también me alegra mucho. Realmen