Capítulo 2

Dmitriy.

 Eduard hizo acto de presencia en un mal momento, mi cambio de humor da un giro radicalmente y ahora lo único que quiero es que todo el maldito mundo desaparezca.

¡Maldita sea! No me pueden dejar un bendito minuto con la persona que tanto anhelaba encontrar, pero nadie en este puto lugar me deja solo.

Me enfurezco al escuchar que Denis Bogdánov. ¿Cómo se atreve a poner un maldito pie en mi terreno? En mi bendito santuario sagrado. Tengo que salir inmediatamente de aquí, el aura que emano no es amigable que se diga, y lo mejor seria que de la vuelta, antes que haga o diga algo que me perjudicará. Ahora es tiempo de desquitarme con el que siempre debió pagar toda la m****a que he estado viviendo durante años.

—Me disculpo, pero en este momento estaré ausente —digo amablemente—, pero estaré atento en todo lo que necesites, lo único que debe hacer es cooperar.

Doy media vuelta y salgo con muchas ansias de que el malparido me explique cada una de mis desgracias; me tendrá que responder cada una de mis preguntas o si no lo mataré a sangre fría sin importar de dónde viene.

—Está en la zona de juegos  —Eduard sigue el ritmo de mis pasos.

Descendemos al primer piso hasta llegar a la parte del sótano, caminó a zancadas y la adrenalina se dispara por todo mi sistema.

Pongo un pie en el último escalón del salón de juegos, mis ojos encuentran al maldito y noto que no pierde el tiempo, ya que está cómodamente a horcajadas en el sofá esquinero.

—¿Por qué m****a mataste a Oliver? —espeta. Se levanta de golpe y me señala como si tal tuviera autoridad en mi maldito santuario.

—Se te olvida dónde m****a te encuentra —hablo entre dientes. Me acerco lentamente hasta estar a unos metros de distancia.

—Tu padre…

—Me importa una m****a lo que diga mi padre —me exalto. El infeliz se sorprende, pero no baja la guardia, y eso me dan más ganas de matarlo, por el simple hecho que me está desafiando.

—Solo cumplo órdenes —dice secamente—, así que atente a las consecuencias.

Esa fue la gota que derramó el vaso, me abalanzo sobre él, tomando su cuello y estrujándolo, no mido mi fuerza y me vale una m****a si él muere o no… Todos tienen que respetarme y si no lo hacen, entonces tomaré las medidas de educación para hacerlos unos buenos niños obedientes.

—Eduard… —sisea—¡AYÚDAME!

—Eduard, escuchaste bien —hablo con gracias. Eduard solo sonríe y se limita a decir lo necesario.

—Soy… —habla débilmente. El infeliz empieza a manotear, cree que con unos manotazos me noqueara.

—Crees que por ser el consejero de mi padre te tendré que perdonar la vida —gritó.

—Perdón…

¡Perdón! No, no, no, no… No sabes lo que te tengo preparado.

Lo empujo hasta hacerlo caer, él con mucho desespero empieza buscar el aire que había perdido. Acelera su ritmo cardiaco y me importa una m****a si es un viejo lamebotas.

—¿Dónde está Larisa? —pregunto.

—Ella se fue —tose—, ya lo sabes.

El muy imbécil de m****a me ha estado engañando que su hija está lejos del país y que ella no quiere saber nada de mí, obvio que me lo creí porque pensé que era un padre, dado que ahora me ha quedado claro que es una m****a de lo peor.

—¿Se fue? —contengo las ganas de explotar y de matarlo aquí mismo—¿Quieres saber cuál fue la causa de la muerte de Oliver?

—Por eso estoy aquí —asiente.

Chasqueo los dedos y en un santiamén Eduard está a mi lado.

—Ayer, de pura casualidad o del destino —froto mi sien—, encontré a una mujer rodeada de muchas lacras.

—Ja, eso que importa —se levanta—, lo más seguro es que era una putita y esas putas se merecen eso y más… Hasta…

No soporte que de su maldito hocico salieran solo porquerías de ella, así que solo me dejé llevar y me abalancé sobre él sin medidas y con la cabeza sin sentido de la razón como lo hace un lobo a su presa. Comencé a sacrificarle puñetazos limpios y de repente le cojo con mi mano izquierda de su puto cuello y lo levanto quedando como títere viejo, con mi puño derecho incesante echo de acero, y sigo dándole en su puto rostros, cambiando a sus costillas y él con sus manos sujetándome el antebrazo y yo dándole de azotes con la pared, creo que perdí el control y en mi cabeza solo se repite una y otra vez lo que salía de su maldito hocico.

—Esa putita de la que habla, es ¡su hija!… —grite. Nuevamente lo suelto, porque no lo quiero matar fácilmente—Me dijiste y aseguraste que estaba lejos, pero ahora lo veo todo claro.

—¿Larisa? —niega—¡No puede ser!

—¿Por qué la alejaste de mí? —susurro—¿Por qué? Habla maldita sea.

—Todo es mentira —intenta levantarse, pero nuevamente vuelve a caer—, ella no es para ti.

—Oh... No me digas que la guardas para ti, viejo pedófilo —bramo.

—Noo... Ella es mi hija —sisea—, tú eres una mala persona para ella.

—¡Una mala persona! —recalco—¿Y tú eres un sacerdote o un santo Dios?

—No le hagas daño —poco a poco se levanta y se arrodilla, suplicando piedad.

—Ella sabrá la verdad  —mientras escucho sus súplicas me encamino al mini bar—, ¿Qué dirá cuando se entere de que su padre es el consejero de la Mafia? Pero no cualquier Mafia.

—Nooo… —suplica—no le digas por favor.

Sonrío al escuchar las súplicas del malparido, no se imagina cuan grande será mi venganza ante él, no perdonaré que me haya alejado de la única persona que mi corazón llora y anhela con ansias.

Eduard sirve una copa de vodka, y yo con un poco de ansiedad lo tomo y de un solo trago lo empinó hasta acabarlo por completo.

Cada año que estuve lejos de Larisa, será cada dolor para el malparido. No justifico lo que hizo y menos porque se pasó de listo conmigo. Me importa una m****a que trabaje para nosotros, ya que no tengo el mínimo temor de lo que mi padre opine.

—Te diré una cosa esencial —dejo la copa vacía en la encimera del minibar—, desde hoy en adelante las cosas se harán como ¡Yo las ordene!

—Ella es una niña todavía —brama—, es una niña inocente de toda esta m****a que nos rodea.

—¡Cállate! —grité exasperado—… Ella decidirá con quien estar, aunque te aseguro cien por ciento que decidirá estar conmigo y no con una b****a como tú.

—No te atrevas —me desafía.

—No estás en condiciones de hablar y menos de imponer —le señaló—. Ahora quiero que te largues y si te atreves alejarme nuevamente de Larisa… Te juro que te mato.

—Haré todo lo que tú me digas —se levanta—, no le hagas nada malo a mi hija.

—Ahora es tu hija, porque yo que recuerde has venido a reclamar porque he matado al hijo de puta que maltrató a tu hija físicamente.

—¿Está bien? ¿Puedo verla?

—Está bien por mí, y obviamente que no la puedes ver, ya que sería decirle la verdad de tu origen —me encamine al sofá y me dejo caer sobre él—, no me digas que ella sabe que tú provienes de una familia de mafiosos—hablo con una pisca de malicia porque al ver ese rostro petrificado y pasmado puedo deducir que Larisa no sabe nada.

Larisa.

(…)

El médico amablemente me atendió y me dijo que me encontraba correctamente bien, solo que tengo que guardar reposo, y tomar el medicamento que me receto.

 Ha pasado más de una hora que el señor imponente no ha aparecido, pero se ha encargado que obedezca cada orden que deja y una de ellas es; ser atendida por el doctor, tomar el medicamento y desayunar.

Aaah… Jadeo.

Este lugar me parece magnífico, me asomo por la ventana y mis ojos se iluminan al ver un hermoso jardín y muchos árboles frondosos. Ahora que me siento más tranquila y relajada, los pensamientos de angustia y de preocupación se hacen presente. Primero por mis padres, ellos se estarán preguntando, ¿Dónde está Larisa? Y dos, ¿cómo justificar esta falta en mi trabajo?

¡Dios, ayúdame! Ten piedad de esta pobre prójima, que lo único que quiere es subsistir y ayudar a sus padres.

No quiero perder mi trabajo, porque eso sería la desgracia total de mi familia. La razón por la que dejé la universidad, fue porque mi padre tenía una enorme deuda y la única que podía ayudarlo era yo, por eso se vendió la casa y nos mudamos a un apartamento pequeño, para reducir los gastos, luego de la venta de la casa tuve que buscar trabajo.

Sabía que era menor de edad, pero eso no me limito a buscar algo de medio tiempo, para ocupar el otro tiempo en terminar mi carrera de Administración en línea. La única que me contrató fue la agencia de correos. Tengo nueve años de trabajar en la agencia y deseo seguir trabajando, lo único que pido es no perder ese trabajo.

—Un millón por esos pensamientos —susurra.

—Aaay… —grito  del susto. Llevo mi mano a mi pecho, y siento la aceleración de mi corazón.

¡Este hombre me matará de un gran susto!

—Tranquila —dice preocupado—, solo he venido a saber cómo te encontrabas—le lanzó una mirada matadora.

«Clámate Larisa, recuerda que es un mafioso».

—Disculpa, pero como verá señor —trago grueso—, ya me encuentro mejor.

—Eso quiere decir que ya te puedes ir —susurra—Larisa

¿Qué? Espera… Espera… Espera… 

—¿Disculpa? —doy dos pasos hacia delante—¿Cómo sabes mi nombre?

—¿Quieres irte? —pregunta con tono curioso.

Da media vuelta y me deja con la palabra en la boca. Oh… No, no, y no dejaré que me deje con la enorme duda que ha dejado sembrada, aparte de todo soy una chica curiosa, y no me importa si el gato me comerá, pero de qué me dice, es porque me dirá.

—Si quiero irme, pero también quiero saber —tomo el valor y corro, ahogó un sollozo por el dolor muscular, pero eso no impedirá que el gran señor escape.

Me detengo en seco. Mis ojos se iluminan al ver la estructura de esta mansión. ¿Por qué ayer no me di cuenta? ¡Eres tonta o te haces! Mi conciencia me reprende. Ahora que recuerdo es porque ayer no me encontraba bien que digamos.

Pero ahora que me siento bien, me permitiré ilustrarme de esta bella casa.

—Vienes —enarca una ceja.

Lo sigo. Veo las paredes decoradas de muchos cuadros de pintura, de muchos paisajes, ¡pura Naturaleza!

—En este pasillo hay siete habitaciones —dice con tono ronco—descenderemos para ir al primer piso—dice dándome la espalda.

¿Por qué este hombre me genera mucha confianza?

Bajamos por las escaleras.

Mis dedos rozan las escaleras modernas y refinadas.

—Ahora me puedes decir —le exijo.

—Me gustaría darte un tour —me interrumpe—, pero el auto nos está esperando para llevarte a casa—exclama—… ¿O desearías quedarte?

—Jefe —descendiendo el último escalón, aparece el hombre que me ayudó.

Ambos penetran su mirada hacia mí, mientras que yo me quedo como estúpida mirándolo.

—Vivo en Sektsssi Boksa —mascullo con desesperación.

—Deberías de ser un poquito desconfiada —dice seriamente.

«El egocéntrico tiene toda la razón». Aunque mis dudas se hacen presente. ¿Por qué él confía en mí? ¿Por qué no me ha matado? ¿Por qué me deja ir sin nada a cambio?

 —Lo siento —musité—, me puedes llevar a mi casa—sin pensarlo me acerqué demasiado a su cuerpo.

—Vamos —me extiende su mano—, Dmitriy Vólkov, para servirte.

—Tú —señalo—, imposible—niego.

—Así como Eva no pudo creer que en otra vida fue dependiente de una costilla —esboza una sonrisa.

—Es que… —tartamudeo.

No puedo creer que es el Dmitriy que yo conocí, es imposible creer que sea el mismo que estoy viendo ahora, ¡Hay demasiada diferencia!

¡Obvio! 

—Te encontré y todavía me estoy preguntando por qué me dejaste.

¡Dios mío es él! Mi Dmitriy.

—Todo paso tan rápido —bajo la mirada—, mi padre tenía una deuda inmensa y lo primero que hicimos fue vender la casa e irnos a un lugar más económico, luego busque trabajo—doy un largo suspiro.

—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunta.

——Porque —me quedo callada—, todo pasó tan rápido.

—No hay justificación —espeta.

—¡Es mi familia! —añado.

—Y que era o soy para ti —contraataca.

¡Dile Larisa! Dile lo feliz que te sientes. Dile que todavía lo sigues queriendo.

—Hay mucho que conversar —respiro profundo —, pero por ahora llévame a mi casa.

¡No demuestres lo emocionada que te encuentras! Mi conciencia tiene razón, pero es inevitable no sentir un vuelco en mi corazón. Lo único que quiero es abalanzarme a sus brazos y decirle lo mucho que lo he extrañado, decirle que me arrepiento de todo lo que hice, me arrepiento de alejarme de él.

—Lo prometes —dice seriamente—, mi meta de hoy en adelante es estar contigo, consentirte, amarte, casarnos, tener hijos, viajar, huir de los que nos quieren separar.

—Dmitriy —no lo soporte más.

 Me abalancé a sus brazos, me aferro a su cuerpo, lloro… Lloro… Como si mi ser se desahogara, el llanto de una niña siendo lastimada, el llanto de un bebe recién nacido. El desahogo de un alma en pena.

Mis lágrimas corren como una corriente que se expande por los brazos del mar. Jamás esperé sentir lo que siento en este momento, mi mundo se detuvo y ahora tengo lo que un día perdí, tengo mi otra costilla, tengo mi otro corazón.

—Ssshhh… Aquí está mi estrella de luz.

Apareciste y fue el destino que nos reunió, el mismo camino del amor te trajo nuevamente hacia mí.

—No me dejes —digo con tono débil—, quédate.

Me aferro cada vez más a él, no quiero que me suelte. Cierro mis ojos con fuerza, para evitar que todo esto sea un espejismo, una mala jugada. Me dejo llevar por lo que mi corazón tenía reprimido, mi corazón llora de felicidad, mi ser llora y lo único que quiero es aferrarme más y más, y no soltarme.

Él me salvó una vez más, Dmitriy me ha salvado otra vez.

—Mi Larisa —susurra—. Te amo, y jamás dejaré de hacerlo.

(…)

Tres horas después…

Después de desahogarme en los brazos de Dmitriy, le pedí que me trajera a casa, primero porque tengo que arreglar las cosas en mi trabajo y la segunda es que tengo que hablar con mis padres.

Mi vida continua, pero no con la misma rutina, ahora tengo una razón más para que mi vida sea más que una simple rutina. De hoy en adelante recuperaré el tiempo perdido, recuperar esas horas de felicidad, esos días de anhelos, esos meses de esperanza, esos años de amor.

No más soledad, no más tristeza, no más remordimiento y arrepentimiento.

—Cuando puedo verte —dice con ternura.

Ambos estamos frente del edificio de mi apartamento, me despido nostálgicamente, pero me reprendo y digo ¡no más nostalgia!

—Cuando quieras —susurro—, vivo en el tercer piso del edificio.

—¿Puedo llamarte? —pregunta.

Ups… ¡Por Dios! Ya no tengo móvil y menos mi cartera.

—Todo quedo en el vacío y el olvido —bajo mi cabeza—, pero lo importante que sigo viva.

—¡MIERDA!  —exclama con ímpetu.

—LARISA… —escucho a lo lejos que gritan con emoción mi nombre.

—Mark…

—¿Quién es Mark? —Dmitriy me toma del brazo y me jala hacia su cuerpo, quedando acurrucada en sus brazos.

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