Pero al ver a Liam que traía dos manzanas en una mano y una botella de agua en la otra, se relajó.
— ¿Cómo estás? Traje esto para ti. — Espetó él, extendiendo las manos hacia ella por el espacio entre los barrotes y Aitana frunciendo el ceño, se levantó de la cama con gran esfuerzo.
Liam se sorprendió al descubrir lo pálida que estaba y lo mal que se veía y sintió un nudo en el estómago por lo que sabía que había venido a pedirle.
— Gracias, pero, ¿Por qué me estás dando esto? — Inquirió