Punto de vista de Elena
No podía dejar de mirarlo.
Era ridículo. Conocía a Caleb desde casi toda la vida. Y, sin embargo, de pronto sentía que lo estaba viendo por primera vez.
—Entonces... —dijo Caleb, con esa pequeña sonrisa tirando de la comisura de sus labios.
Yo todavía estaba intentando recordar cómo se respiraba con normalidad.
—Entonces... —respondí.
Seguíamos de pie, muy cerca el uno del otro. El aire entre nosotros era distinto ahora, cargado de una tensión que antes no existía.
Enton