Al día siguiente, con pesadez en sus ojos y con el corazón aliviado, Noelia se sentó sobre la cama. Su mano se estiró en busca de ese bulto que tanto le gustaba tocar por las mañanas; consciente de que no estaba, decidió estirar sus brazos y bostezar libremente.
No sabía por qué sentía que ese día, en especial, sería diferente, lo único cierto, es que estaba dispuesta a cambiar su vida y solo quería decirle a su madre lo único que necesitaba de ella y que ya no sentiría dolor por cosas del pas