Él estaba de pie cerca de la puerta, apoyado en el marco de la puerta, observándola como un halcón.
Silvia tuvo suficiente de él. No podía respirar con normalidad con su abrumadora presencia observándola como una sentencia de muerte.
Con todo el coraje que reunió, golpeó la losa con la espátula antes de pisotear hacia él.
Rasmus parecía imperturbable mientras observaba.
—Para esto, ¿por qué no me dejas en paz? —preguntó con los dientes apretados.
—¿Para que puedas contactar a Alonso? Me pregunt