Leo
Mis pasos siempre se sienten pesados cada vez que vengo aquí. Este lugar silencioso no me da miedo, pero en el momento en que me paro frente a su lápida, me invade un dolor insoportable que me atraviesa el corazón.
Kaia está frente a mí, pero ya no es la misma de antes. Ya no puede responderme.
Ya no puedo mirar sus ojos.
Este es mi fracaso, uno que aún no he podido aceptar.
—Kaia, ¿todavía merezco vivir?—
Espero una respuesta, como si realmente pudiera recibirla de ella. En este silencio,