Kaia
Después de mi conversación con Anna, no pude dejar de pensar en ello.
Nunca habíamos hablado de verdad de manera adecuada; la mayoría de las veces nos evitábamos, y pensé que quizá necesitaba ser más insistente y realmente hablar con ella.
Había decidido que hoy sería el día en que hablaría con ella.
De pie frente al espejo, imaginé a mi loba.
—Sarah, hoy voy a hablar con ella. Debes estar feliz, ¿verdad?—
Esperaba que, después de oír lo que decía, ella respondiera. Pero, igual que antes,