Dios mío, mi cabeza...
Y mi boca. ¿Y mi cuello? Todo duele. Me despierto en una bruma de dolor de resaca, con la boca seca como el polvo. Agua. Me levanto, lista para ir al baño, pero descubro que no es necesario: un vaso de agua y una botella de aspirinas me esperan en mi mesa de noche, junto con una nota.
Lo levanto, lo sostengo unos centímetros delante de mi cara y entrecierro los ojos hasta que se enfoca:
Hidratar. Roncas como un jabalí cuando estás borracho.
Oh Dios.
Me hundo hacia atrás c