AUSTIN.
Bajamos las escaleras, hasta donde se encuentra el espacio del restaurante, con ventanas a la calle. Como la mayoría de las cosas, todavía está sin terminar, pero las mesas y el área del bar están adentro y la cocina es completamente funcional. Me tomo un momento para charlar con el ayudante de cocina y avisarle al chef que hemos llegado. Justo a tiempo.
—Me encanta esto—, dice Jenn, mirando a su alrededor.
—¿Te encanta el aserrín con tu comida?
Ella ríe.
—No, siento que estoy rec