234: La Gota que Colma el Vaso.
La mañana siguiente amaneció gris y pesada sobre Manhattan. Las nubes cubrían el cielo como un manto de plomo, y una llovizna fina comenzaba a caer sobre los edificios, empañando los ventanales del penthouse con pequeñas gotas que se deslizaban como lágrimas perezosas. Yo estaba de pie junto a la ventana, con una taza de café en las manos y una sensación de inquietud que no lograba sacudirme.
Había dormido mal. La imagen de la reunión con la junta directiva seguía rondando en mi mente, y aunque