CAPÍTULO 31 - DEJAR DE SER LA NIÑERA.
CAPÍTULO 31 - DEJAR DE SER LA NIÑERA.
Lucien permanecía inmóvil, su rostro una máscara de acero. Sus ojos azules, fríos como el hielo, se posaron en Lucrecia con un desdén que hizo que el aire pareciera más pesado.
—Lucrecia, no estoy acostumbrado a recibir órdenes. Y mucho menos en mi propia casa.
El silencio que siguió fue tan tenso que parecía que nadie se atrevía a respirar. Alessia dejó escapar un jadeo, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar. Dio un paso al frente, coloc