Me despierto más asustada que nunca, ese es el sentimiento que tengo hoy, miedo, no sé si pueda confiar en Leandro, lo creo capaz de dejarme plantada en el altar. Eso sí, sería una humillación que mi familia no me perdonaría, me encuentro en casa de mis padres por temas de tradición, no podemos vernos hasta hoy, cuando estemos en el altar, tengo náuseas, decido bajar al comedor para ver si puedo despejarme un poco.
—¡Buenos días, hija! Justo iba a despertarte, ¿cómo te sientes? —¡Buenos días,