Si este capítulo de mi vida pudiese llevar nombre, sería sed de venganza, tenía ganas de asesinar a todos los que estaban a mi alrededor, me sentía enferma, tenía náuseas, no quería compartir con ninguno de ellos, de hecho, ni siquiera quería verle la cara a Adriano.
—¿quieres algo de tomar? —¡No!
—la cara de Zafiro era un poema, se podía notar a kilómetros lo enojada que se encontraba hoy, me imagino que fue por el hecho de que sus hermanas la dejaron botada en mi casa junto a mis padres. Pero