Terminé de trabajar y me fui a la casa, me di una larga ducha, luego me acosté y sonó mi teléfono, era una llamada entrante del desconocido. Sentí como la emoción recorrió de mi cabeza a mis pies, ¿le atiendo o no le atiendo? Esto es una locura, una cosa es enviarnos mensajes y otra muy diferente es responderle una llamada, pero yo no soy reconocida por ser una cobarde, así que atendí.
¡Hola! —hola, preciosa, ¿ya estás acostada? ¿Puedes hablar con tranquilidad?
— su voz erizo todo mi cuerpo, hi