Lorenzo Bianchi
Me venía conteniendo al límite desde el preciso segundo en que puse mis ojos sobre esa mujer misteriosa y fascinante.
Incluso habiéndola conocido en una situación de tamaña vulnerabilidad, con ella poniéndose mal en mi despacho de la presidencia, el deseo ya estaba allí.
Y ahora, encerrados aquí en su modesto apartamento tras regresar nuevamente de un hospital, mi puto autocontrol simplemente se derrumbó.
Diana poseía una especie de imán natural, una fuerza invisible y magné