—Así que me dejaste aquí atrapada —dije mientras terminábamos de comer. Él tenía bastante más comida que yo, pero comía más rápido.
No intentaba molestarlo. No quería hacerlo enfadar ni empeorar mi situación. Pero teníamos que hablar antes de que se fuera otra vez.
Y no había matado a nadie, porque le pedí que no lo hiciera. Eso me pareció buena señal.
—No estás atrapado. La puerta no se cierra desde afuera —dijo Enzo.
—De acuerdo. Pero les dijiste a tus hombres que no me miraran, me olieran ni