Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl escriba real se llamaba Amenemhat.
Setenta y dos años. Cuarenta en el palacio. Una cara que tenía la textura específica de las personas que han pasado décadas en espacios interiores con buena iluminación y sin el sol de la frontera ni el polvo del mercado, esa textura de alguien que ha envejecido en la proximidad de







