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Senma descubrió que su prisión mental no era celda solitaria sino prisión sobrepoblada con cientos de consciencias de personas que el Devorador había borrado de existencia pero cuyos pensamientos persistían en el espacio conceptual que ella ahora anclaba, y todos demandaban atención, ayuda, reconocimiento de que alguna vez habían sido reales.

La primera voz llegó mientras dormía—si dormir era el término correct

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