Los meses pasaron, Kiara con la ayuda profesional logró salir de su depresión, continuó nuevamente su vida, esta vez con la certeza que que jamás volvería a pisar suelo romano. Su vida en Italia pasaría al olvido, incluyendo al padre de su hijo.
Aun qué tuviera que confesar tan dolorosa verdad a su hijo, ya estaba y se sentía fuerte para enfrentar esa verdad ante él.
El pequeño Salvatore, siguió a su madre durante ese proceso, al igual que Rómulo.
— Abuelo, quiero ir a estudiar a Londres.
— ¿No