Capítulo 51. La obsesión de Ady con el bebé.
El motor del viejo auto rugió en la carretera desierta mientras Ady apretaba el volante con una sonrisa satisfecha.
Había salido de la ciudad sin problemas, conduciendo a través de caminos poco transitados, sin cámaras, sin testigos.
El bebé dormía en el asiento trasero, envuelto en una manta suave que había robado del hospital. Dentro de un moisés improvisado con mantas y almohadas.
Su pequeña respiración pausada llenaba el auto con un ritmo que, lejos de calmarla, la hacía sonreír con euforia