Capítulo 30. La verdad en carne viva.
Fabio condujo hasta la casa de Ady, su sangre hirviendo con cada kilómetro que recorría. Cuando llegó, la encontró en el jardín, regando unas flores con una tranquilidad que le revolvió el estómago.
—Fabio —sonrió ella al verlo—. Qué grata sorpresa, me alegra que te hayas animado a visitarme.
Corrió hacia él y colocó sus manos sobre su cuello, acercándolo más a su cuerpo.
Fabio gruñó de ira, la tomó de los brazos y la apartó de su lado con violencia.
La miró fijamente, conteniendo apenas su ir