—Dory, tienes que levantarte y regresar al trabajo. —me insistió Ana como décima vez esta semana.
Desde la muerte de Francis, fue imposible que alguien me sacara de la habitación. Ana, Darío y David insistieron, pero simplemente no les obedecí.
Me sentía fatal, destrozada por dentro, ya que además de perder a mi mejor amigo ni siquiera pude asistir a su funeral. La familia decidió llevar su cuerpo a Canadá en donde estaban sepultados sus padres.
—Tengo suficientes ahorros para sobrevivir. —res