El sol de la mañana entra suavemente por las ventanas de la mansión, proyectando rayos dorados sobre los muebles antiguos y las paredes adornadas. El ambiente está impregnado de una tranquilidad irreal, una calma que contrasta con la agitación interna que siento. Es como si mi vida de antes hubiera sido arrancada de golpe, dejando un vacío frío y vacío que me rodea. Ahora estoy aquí, en esta jaula dorada, atrapada en un matrimonio que nunca pedí.
Victor no ha cambiado. Está tan distante como si