Rendido por el cansancio, me sumergí en un sueño profundo y enigmático, donde me vi en un denso bosque envuelto en niebla. Allí me encontré con mi madre junto a un árbol sombrío, acompañada por un lobo gigante de pelaje claro. Desesperadamente, intenté advertirla:
— ¡Mamá, cuidado! Sin embargo, mis palabras no llegaron a ella, como si fuera invisible para los dos.
— ¿Estás seguro de eso? – Preguntó el lobo claro, frotando su enorme cabeza en su cadera.
— Sí, mi amor… — Respondió ella con una