19. Un universo despiadado
Se supone que ni su mundo ni el mundo del hombre que la hace sentir de manera extraña jamás deberían coexistir, ni mucho menos acercarse de tal manera donde cada uno de los presentes observa con impresión, boquiabiertos y sin habla al detalle que todavía no se terminaban por creer, pero que con ésta demostración se ha vuelto verídico.
De Santis y Mancini sólo han avivado el fuego.
El beso es un caos ardiendo: colisiona su lengua con la suya y tiene que darle paso a las ansias de Giancarlo que