Una mirada de absoluto terror llenó su rostro y Parecía que se había encogido sobre sí misma, que su hombro se había hundido. Ahora parecía tan pequeña, tan asustada.
—Clementina.— Apreté su mano entre las mías. —¿Qué pasa?—
Sus ojos se dirigieron a la puerta y una repentina frialdad me golpeó el centro.
—Clementina,— me encontré susurrando de nuevo. Seguí su mirada y ambos miramos la puerta.
Mi corazón latía con fuerza. Parecía congelarme en el lugar. El fuerte latido de mi corazón estaba haci