X.
AMALIA.
Veo por la ventana mientras el rey conduce hacia su casa.
—Si quieres puedes poner música —me dice el rey rompiendo el silencio.
—No, gracias —le digo—. Así estoy bien.
—Ah, ok.
Nos volvemos a quedar en silencio.
—Por cierto, —me habla y lo volteo a ver— no te lo he dicho, pero te ves muy bien.
—Gracias.
—¿Cómo estuvo tu semana?
—Bien, ¿y la tuya? —le pregunto.
—Bien, aunque siendo sincero, mis días, semanas, meses y años acaban de mejorar mucho ahora que te conocí —lo miro sorprendida—