Mundo de ficçãoIniciar sessãoRebecca.
—Te dije que no te salvarías de la follada que te voy a dar mi fierecilla. No tientes al tigre sino sabes cómo contenerlo— dijo arrancándome la braga y se hundió en mí de una sola estocada.
—¡Ahh! amor...— gemí por sus fuertes embestidas. —Tu artuconda me partirá en dos, ¡Ahh! —
—¡Por Dios nena! Tu boquita. Esa boquita sucia que me voy a follar a mi antojo







