AIDEN
—¡¿Qué mierda han hecho?! —bramo golpeando el volante.
La carretera se cierne como si fuera un enorme monstruo que está a punto de devorarme. Piso el acelerador sintiendo que mi puto corazón no deja de palpitar.
—Acabar con lo que te impide ser feliz —dice la voz masculina al otro lado de la línea—. Fueron órdenes de tu padre.
Eso me hace frenar de golpe. Cuelgo, ese no era el plan, solo necesitaba que me ayudara a entrar a la liga, de ahí, era la pelea, quería que Lilibeth viera cómo le