—Leandro— abro mis ojos sorprendida mientras corro rápidamente los metros que nos separan.
Quito su camisa para así tener una mejor visión de la herida, cuando la revise.
—Sabía que te gustaba esa mierda del BDMS, pero no sabía que tanto— gruñe.
—Lo siento, enserio— lo ayudo a levantarse— No sabía que eras tú. No debes de correr así estúpido— lo regaño.
—Nunca me imaginé que tendrías una maldita arma en tu casa y menos que me dispararas estúpida— alzo mi ceja, mientras le doy una mirada letal—