Cerré los ojos, tratando de sentir alguna buena sensación que me dijera que todavía existía algo entre nosotros, pero lo único que experimentaba era la incomodidad. Sus besos y sus caricias ya no tienen ningún poder en mí, no despiertan ni el más mínimo deseo en mi piel.
—Detente, Amir —le pedí, sintiéndome muy incómoda.
—¿Qué pasa?
—No puedes venir como si nada y querer sexo. Además, todavía tenemos una conversación pendiente.
—¿Vas a seguir con lo mismo? Vine desde tan lejos en son de paz, qu