—Cuando estés conmigo, no cubras esto —murmuro Zeke en mi oído mientras, con ambas manos rompía mis bragas.
—Alguien podría... —gemí cuando él se deslizó entre mis piernas, haciendo que extendiera mis muslos para él—. Alguien podría vernos.
—Todo un escándalo —se burló—. Imagínate si alguien pasara por aquí y viera a la inocente princesa de Diera con las piernas abiertas para mí, con su dulce e inocente coño expuesto.
Gemí cuando él llevó mis arruinadas bragas a su cara, inhalando profundament