19. Liam
Se da vuelta, acomoda su cabeza en mi pecho y su pierna derecha sobre mis piernas.
No podría estar así con otra mujer. Ella se ha ganado esto a pulso. Merece todos mis malditas noches.
Recorro mi mano por su cara. La beso. Ella hace una mueca graciosa y abre los ojos. Sube su pierna derecha hasta que la coloca sobre mi sexo y hace presión.
—¿Qué hora es? —pregunta.
—Las ocho —le digo al mirar la pantalla de mi móvil.
Se levanta como un resorte de la cama.
—No jodas —comenta—. Voy tarde.
La