—¿Quieres bailar? —Me propuso.
Empecé a bailar con él y yo bailaba bajo la lluvia. En este momento me sentía viva y no podía quejarme. Me sentía en un sueño.
Sueño que se desvaneció.
Sueño que deseaba repetir.
Porque he aquí he abierto los ojos y no existe playa, no existe arena, no existe Chris. Solo estoy yo acostada en una habitación gris.
¿Qué demonios pasó?
//
Pensando en todo esto, miré hacia la puerta. Abuela Laura venia con una taza de chocolate y me miraba con una sonrisa.
—Qué bueno