La puerta se abrió, sabía que su madrastra venía por ella, pero su cuerpo no quería moverse, se rehusaba a dar ese paso, apretó el vestido en sus piernas bajando la cabeza y estaba a punto de hablar cuando alguien se agacho a su altura, tomó sus manos y las apretó. Ella levantó poco a poco la mirada encontrándose con los ojos del hombre que siempre estaba en sus pensamientos, estaba incrédula. “Andrés…”
Él sonrió hacia ella. “Si, vine a hablar contigo”.
Elida no entendía. “¿Qué dices?”.
Andr