Elida había conocido hoteles cinco estrellas en su infancia, pero este era muy elegante, entraron al elevador y al llegar al último piso, Elida quería conducir la silla de Aníbal, pero él inmediatamente se negó, estaba muy frustrado y tenía un fuerte dolor de cabeza, escuchar a la mujer parlotear era aún peor.
Elida se quedó de pie en el pasillo, sus hombros cayeron derrotada, observó como Aníbal entraba a la suite junto con el empleado. Unos minutos más tarde entró cerrando la puerta, en el