La campana de la escuela sonó, haciendo que todos saliéramos del salón mientras que la gente se empezó a amontonar en los corredores. Julia, por una parte, sostiene mi brazo para que podamos ir a la cafetería, mientras que por mi parte solo quiero ir a golpear a esa idiota que se atrevió a ventilar ese poema tan bochornoso. Y cuando estamos en la cafetería, Julia me puede expresar lo confundida que está sobre lo que a dicho Charlotte.
–¿Sabes? Su poema fue muy extraño. Que yo sepa ella no tiene