Orión
A medida que avanzábamos en nuestra misión de visitar a los búnkeres y unificar las manadas, el paisaje que nos rodeaba se tornaba cada vez más desolador. La devastación causada por la guerra se hacía más evidente con cada paso que nos acercábamos a las Tierras Sagradas. La tierra estaba marcada por cicatrices profundas, los árboles quemados y retorcidos, y el aire cargado con el olor de la destrucción.
Cada nuevo búnker que visitábamos traía consigo una realidad más dura que la anterior.