Chad
—Gina... ¡Gina!, ¡Maldición! —Grito frustrado al escuchar el sonido que me avisa que ha colgado—. Llamo unas veces más y suena apagado. — ¡Me cago en todo!
— ¿Qué pasa?, ¿quién es Gina? —Pregunta Isabella que le da una papilla a Oliver.
—Disculpa si sueno grosero, pero no te importa.
Ella hace una mueca y sigue alimentando a nuestro hijo en la gran cocina de mi casa. Tanto la extrañé y al fin estoy aquí, dentro de sus paredes cálidas y su reconfortante olor a hogar.
Desde que pisé tierra a