Chantal.
Extasiada, así se sentía. Era una sensación de ligereza que la hacía tocar la felicidad como si dicho estado de ánimo fuera palpable. No podía evitar sonreír o morderse el labio inferior cada vez que los placenteros recuerdos recorrían su mente. Llegaban abruptos y demandantes, junto con un par de ojos azul oscuro que le estremecían hasta la última célula de la piel, que la inundaban en sus adentros con una calidez desbordante.
Era por él, por lo que le provocaba, por lo bien que le ha