Dixon.
—Sí claro, entiendo —se separó un poco—. No te molestará que me quede ¿no?—ella frunció el ceño—. Es que a estas horas la calle está muy fría, podría enfermar —ella abrió su boca con un asombro total.
—¿Me estás pidiendo dormir conmigo?
—No directamente ——él sonrió de lado—. Es decir, puedo dormir en ese mueble fucsia que ustedes adoran —la miró de arriba a abajo con descaro—. Pero si es contigo mejor.
—No tienes remedio, Derricks —dijo con media sonrisa en los labios—. Aunque debería d