Chantal.
Sus intimidades rozaban entre sí. Dixon comenzó a moverla agarrándola de las caderas, creando una fricción a ritmo lento que ambos se le hacía exquisita. Entre gemidos, besos y con la respiración agitada, la fue dirigiendo hacia su cama. Ella se dejó llevar, la tendió gentilmente sobre las sabanas grises, y se le colocó encima, metiéndose entre sus piernas. Dejó sus labios para besarle el cuello y dirigirse hacia ese par de pechos que lo habían cautivado. Atacó sobre estos haciendo que